Huayna Potosi

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La foto es del nevado Huayna Potosi, a sus pies se encuentra la ciudad de El Alto, he aqui una coleccion de imagenes.
Aqui tienen el video

y un relato:
En el reino blanco del silencio y los vientos

Mabel Ascui Matos
Las cumbres imponentes y hermosas de la Cordillera Real, que se recortan sobre el límpido cielo y comienzan con el imponente Illampu para terminar con el emblemático Illimani, guardan misterios que en sus leyendas se siguen contando de generación en generación.

La Cordillera Real, con una línea de cumbres que se levantan sobre los 5.000 metros a lo largo de unos 800 kilómetros de largo, es el reino de los vientos helados. Y cuando cesan, del imponente silencio frío que coloca al hombre en su exacta dimensión, surge una mota de polvo en el universo: una insignificancia ante la majestuosidad de las nieves eternas.

Y, sin embargo, es ese hombre el que busca trepar a la cima, otear el mundo desde la cumbre y, por un momento, hasta sentirse dueño sin ser nada. Es el hombre quien ha tejido historias y leyendas en torno a esta Cordillera, cuyas cumbres fueron señores mitológicos un día y hoy son poderosos promontorios que recortan su perfil en el cielo azul.

En el principio de la creación, Wirakocha -el Ser Supremo- dispuso que la Cordillera tendría cuatro amos, cuatro "Jacha Irpa" o conductores, a cuál más fuerte, a cuál más hermoso, relata en su obra Nayjama el escritor Fernando Diez de Medina. Pero la arrogancia y la ambición se adueñó de dos de ellos, que terminaron por confabularse en contra de sus otros dos compañeros.

Un milenio de guerras

Rudo fue el combate; todos pelearon a porfía. Y volaron rocas, fuego, hielos, huracanes. Y los cuatro héroes lucharon sin descanso por espacio de un milenio solar". Fue hasta que Wirakocha envió a Thunupa para que pusiera orden en la convulsionada Cordillera. Esencia de la justicia y juez de caudillos, Thunupa, considerada también como la deidad del equilibrio, dictó sentencia inapelable después de haber escuchado a los cuatro señores.

Diez de Medina continúa con su relato: "Sólo tres conductores tendrán señorío en la Cordillera. El Señor de Luz será de hoy en adelante Illampu, el centelleante; el Señor de Agua se nombrará Illimani, el resplandeciente, y el señor de Piedra se convertirá en Wayna Potosí, el joven bramador".

Entonces Thunupa "cogiendo su honda divina, puso en ella un pedrusco de oro y al tiempo de lanzarlo zumbando por el cielo en dirección a Huayra Apu o Señor del Aire, dijo estas palabras: rebelde fuiste, solitario quedarás y menguado en poderío. Truncaré tu insolencia y tu estatura: serás partido en dos". El pedrusco cercenó la cúspide de la montaña, que voló hacia el occidente.

"¡Sárjama¡ -vete- dijo Thunupa. Tú eres el Alejado, Sajama te nombro en memoria de tu estupenda rebeldía". Atrás quedó la montaña sin cabeza, que se llamó Mururata y permanece estática y sin poder igualarse nunca más al Illampu o al Illimani.

La cordillera Real se encuentra entre las de Apolobamba y de Quimza Cruz o de las Tres Cruces. Comienza con el imponente Illampu y termina con el emblemático Illimani, y entre ambos se levantan los más hermosos picos nevados, como el Ancohuma, Chachacomani, el Condoriri, el Huayna Potosí, el Tikimani, el Mururata y el Negruni, por citar algunos de los más conocidos.

El principio y el fin

El imponente Illampu, con 6.382 metros, marca el comienzo de la cadena montañosa. Forma con el Ancohuma un macizo con una treintena de elevados picos y desde su cima puede apreciarse la cabecera de la región amazónica, los valles húmedos de Yungas, Alto Beni y Beni; más cerca, el lago Titicaca, Warisata, Sorata y Achacachi. "Es un conjunto de montañas. Un ejército de torres escarpadas", describe Diez de Medina.

Recio, con glaciares, macizos sólidos y profundas grietas, el Illampu deja caer por sus costados largas cascadas de agua que inundan sus faldas y corren, cristalinas y puras, entre piedras y enormes rocas hacia los valles húmedos.

Si a la distancia llama y atrae como un imán -aunque mientras más uno se acerca más grande e imponente se hace la montaña- es en la cima donde reina el viento y hace danzar con ritmo distinto a la niebla y a las tormentas de nieve. El alma y el espíritu del hombre no tiene más remedio que acercarse al Creador desde la enormidad del Illampu, conocido también como el lecho del sol, porque el astro rey se levanta detrás del Illampu.

En cambio, la luna llena, redonda, grande y blanca, surge detrás del Illimani, plateando sus nieves, dándole igual o mayor belleza a esta montaña que marca el final de la Cordillera Real.

En las entrañas del Illimani, una caverna de hielo y nieve.

"En el Primer Amanecer, cuando las cosas se movían para tomar posición del cosmos, un cóndor colosal vino a posarse sobre el dorso de la Cordillera Real para dirigir la organización del mundo andino", cuenta Nayjama. "El cóndor alzaba vuelo en el crepúsculo, cuando las estrellas tomaban silenciosa guardia. Volvía en los amaneceres".

Wirakocha consideró concluida su tarea y entonces dispuso que el cóndor se incorporase a la belleza del paisaje. "Y el ave fabulosa abatió sus titánicas alas sobre el triple poderío del basalto, del granito y las rocas eruptivas. El más grande de los cerros es también el más grande de los cóndores. Nadie le gana ni en estatura ni en hermosura. Es el caudillo del Ande. Es Mallku Kaphaj".

El Illimani, cuyo nombre puede significar "nuevo amanecer", es una montaña de rocas azules que, con sus 6.490 metros, intimida, maravilla y se hace inolvidable. Semeja a un cóndor vigilante, como dice Diez de Medina, o a un león dormido. También entre la nieve y los deshielos, uno puede imaginar a un hombre con su llamita trepando a la cumbre o el perfil de una pareja en el mismo afán, subiendo a la cima, o como un oso de nieve.

"Pero lo que he descubierto es algo sensacional", revela Bernardo Guarachi, un conocedor de la montaña, del que se considera un hijo.

"Fue por una fotografía que tomé en 1983 y descubrí en la conformación de la cima del Illimani el perfil de una mujer mirando al cielo, con el pelo blanco y levantado por el viento".

Y Guarachi asegura que el Illampu tiene el perfil de un varón, también mirando al cielo. "Si ambos se levantaran quedarían frente a frente y, debajo, La Paz".

El Joven Bramador

El Huayna Potosí es conocido también como el joven que hace ruido. Puesto que es el más joven de los señores mitológicos, todavía no está escrita su historia, pero se le conoce como alborotador. Proba- blemente por los ruidos subterráneos y las caídas de agua del valle de Zongo, pero también por los truenos que se desencadenan en su cima, una de las más bellas de la Cordillera. Esta ha sido, sin embargo, el terror de los aviadores, pues muchos aparatos cayeron en sus abras.

Su belleza es una de las razones por las que los escaladores de todo el mundo llegan hasta La Paz para subir al Huayna Potosí. Existe una ruta de fácil acceso que es el aliciente para que hasta decenas de personas suban por día, para pesar de muchos que, como Guarachi, consideran que ya no se trepa con respeto y, más bien, se la ensucia y se le deja con baterías, plásticos y latas como recuerdo del paso del hombre.

Cabeza de Cóndor

Se une, por macizos pequeños, al Huayna Potosí y forma parte de uno de los más bellos paisajes de las alturas andinas. El Condoriri (cabeza de cóndor) tiene la forma del ave rey de la cordillera: semeja un cóndor con sus alas abiertas como para emprender un vuelo.

Los deshilelos de los últimos años han revelado las rocas muy negras que se escondían debajo de las nieves. Decían los lugareños que la montaña estaba llena de animales feroces, principalmente de enormes cóndores que, al atardecer, salían a rondar y sobrevolar en busca de su presa. Se decía que se llevaban entre sus garras a los niños para alimentarlos y convertirlos en hombres-cóndores, que luego bajaban al poblado para sembrar el terror.

El Condoriri es también, para otros pobladores, un espíritu que regula no sólo el mundo espacial: lluvias, nevadas, sequías y otros fenómenos naturales, sino también la naturaleza con su fauna y flora.

El "doctor" Sajama

No pertenece a la Cordillera Real, sino a la Occidental, pero está indisolublemente unido por la leyenda. Es, además, la montaña más alta de Bolivia con 6.542 metros, un hermoso volcán nevado, a pocos kilómetros de Tambo Quemado, en la frontera con Chile.

El macizo de roca está cubierto por glaciares y nevados, además de canaletas de hielo que hacen más difícil su escalada. Los vientos de la Patagonia determinan un frío constante de hasta 30 grados bajo cero en la noche y un máximo de 10 grados durante el día.

Sin embargo, en sus faldas se puede disfrutar de baños termales. Y, por ello, es que ha empezado a llamársele "el doctor" Sajama, pues su entorno es altamente benéfico para la salud.

El suelo volcánico posee muchos minerales y en contacto con los pies desnudos contribuye a bajar también las tensiones. Las hierbas medicinales que crecen en los alrededores, como la yareta y los keñuales, las aguas termales para beber y bañarse completan un tratamiento que renueva a cualquier citadino.

Así lo comprobó el andinista Guarachi, quien recogió en el lugar el relato de los pobladores sobre la esposa de Sajama, una montaña de menor altitud denominada "Mama Llajcha" y, por si fuera poco, el hijo está identificado en una colina cercana. Toda una familia para que el Alejado no quede solitario en su rebeldía, como sentenció Thunupa, al terminar con el litigio.

Cerca se encuentran los nevados Payachatas, dos volcanes casi idénticos (Muru y Huarmi), uno de los cuales se comparte con Chile. El otro es boliviano, aunque en las promociones turísticas del país vecino no se entra en detalles.

Así son las cumbres nevadas y cimas donde viven las nieblas y los vientos con el silencio frío. Sitio ansiado por el hombre para otear el mundo sintiéndose grande apenas un instante y, apabullado, largamente, hasta la nada por la grandiosidad de la Cordillera Real, en la cadena de los Andes.

Mario R. DURAN CHUQUIMIA

Some say he’s half man half fish, others say he’s more of a seventy/thirty split. Either way he’s a fishy bastard.

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