FEJUVE EL ALTO TOMA DE REHENES AL VICEMINISTRO DE AGUA Y AL GERENTE DE EPSAS

Fejuve El Alto toma de rehenes al viceministro de agua y al gerente de EPSAS
Así están las autoridades de Agua en la Fejuve. Foto: @JluisChoque13


La Paz, 17 de noviembre (ANF).- Los ejecutivos de la Federación de Juntas Vecinales de El Alto (Fejuve) tomaron como rehenes al viceministro de Agua, Rubén Méndez; al gerente de la Empresa Pública Social de Agua y Saneamiento (EPSAS) regional El Alto, Roberto Rojas, y un funcionario de apellido Paniagua, exigiendo que la ministra del ramo, Alexandra Moreira, se presente en el lugar para atender demandas de esa ciudad. 

La información fue proporcionada por el vicepresidente de la Fejuve de El Alto, Zacarías Laura, quien dijo que a las 15.00 de este jueves la ministra Moreira debía hacerse presente en la sede de la institución, pero que en su lugar acudieron los funcionarios que ahora están como rehenes.

"En dos oportunidades se ha hecho la invitación a la Ministra de Agua y Medio Ambiente, pero ha hecho caso omiso (…) los ejecutivos nos vamos a quedar hasta que la ministra llegue acá", dijo Laura a ANF.

/MVV/


Luchador obrero en la portada de un libro

Por: Víctor Montoya

Esta hermosa fotografía está impresa en el libro “Interior mina” de René Poppe, quien, luego de haber trabajado un tiempo en Siglo XX, entendió que para identificar al obrero del subsuelo boliviano no había mejor rostro que el de Víctor Siñani. En efecto, este hombre orgulloso de su “raza de bronce”, además de haber sido minero, fue uno de los dirigentes campesinos del norte de Potosí, donde compartió las luchas y la suerte de sus hermanos de clase, consciente de que la tierra era para quien la trabajaba, como el trigo era el pan de quien sembraba la semilla.

Víctor Siñani aparece en esta fotografía con la mirada perdida en la galería y el rostro iluminado por la lámpara del “guardatojo”; tiene los pómulos prominentes y la nariz expresiva. La letra “R”, que luce en la pechera de su chamarra, podía ser tranquilamente la abreviatura de la palabra: “Revolución”. La chamarra es de gamuza y diablo-fuerte, muy fina para ser usada en el laboreo de la mina, pero de seguro que a él no le importaba este detalle, salvo trabajar duro para llevar el pan a la boca de sus hijos.

Por su origen campesino, era una persona a quien le gustaba la verdad cruda, incluso violenta, y aunque era de carácter taciturno, pronunciaba palabras de asombro cada vez que transmitía una idea. Daba la sensación de decir mucho diciendo poco. Víctor Siñani correspondía a esa estirpe de hombres del altiplano que, siendo parcos en la palabra y desconfiados con los desconocidos, no podía compartir sus pensamientos con quienes no compartían su realidad ni su tiempo.

Fue legendario luchador porista, no sólo porque supo permanecer fiel a sus ideas políticas, sino también porque supo batirse, fusil y dinamita en mano, contra los enemigos de los obreros y campesinos. De sus hazañas se cuentan innumerables anécdotas. No es para menos, en enero de 1960, fue uno de los que encabezó la toma de la plaza en Huanuni, donde los mineros entraron repentinamente, como una tromba arreada por el viento. Pelearon duro y parejo contra los carabineros, hasta hacerlos desertar de sus trincheras. Así es, cuando los “khoyalocos” empiezan el ataque, no hay Cristo que los detenga.

Este minero de recio temple se enfrentó contra las dictaduras militares. Sobrevivió a las jornadas de Sora-Sora, en 1964; a la masacre de San Juan, en 1967; al golpe militar de Hugo Banzer, en 1971. De sus hazañas y su coraje daban cuenta sus compañeros más cercanos: “El Victuquito, donde ponía el ojo, ponía la bala, dejando fuera de combate a cuantos se le ponían enfrente”. Es decir, lo que no podía resolver a golpes de palabra, lo resolvía a tiros.

A mediados de 1976, tras el fracaso de la huelga general indefinida decretada por la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), fue perseguido y apresado en la ciudad de Oruro, torturado y encarcelado. Los sicarios del gobierno sabían que Víctor Siñani tenía una larga trayectoria como dirigente minero-campesino. Era uno de sus representantes más genuinos, el que se mantuvo fiel a los intereses de su clase, sin claudicar sus principios políticos ni ser tránsfugo como los elementos amarillos. Estaba convencido de que pese al cierre de las minas y los decretos antipopulares de 1985, los mineros señalarían el camino de lucha que conduciría a la nación oprimida a liberarse de los látigos del imperialismo y del despotismo de sus lacayos nativos. Mientras tanto, recluido en su condición de “relocalizado”, esperaba con irresistible paciencia el primer campanazo de la asonada final, como quien estaba acostumbrado a acatar las medidas de la “acción directa de masas”, consciente de que la emancipación de los trabajadores sería obra de los mismos trabajadores.

Víctor Siñani era uno de esos hombres que, por su propia naturaleza, atraía la atención de los intelectuales pequeños burgueses, quienes intentaban descubrir los recónditos secretos que guardaba este militante obrero, pues aparte de estar hecho a golpes de explotación y miseria, alcanzó un alto grado de conciencia ideológica. En él hizo carne el programa de la vanguardia revolucionaria del proletariado y en él se proyectaron como ecos los gritos de protesta de obreros y campesinos.

En los días festivos se lo veía en las chicherías de Llallagua, ya en la calle Modesto Omiste (donde mueren los valientes) o en la calle Ballivián. Le bastaba un charango para hacer zapatear a las mozas de Chayanta y Pocoata, quienes, polleras plisadas, mantillas al hombro y sombreritos ladeados, batían palmas para que don Víctor rasgueara el charango al ritmo de las tonadas nortepotosinas. A veces se lo escuchaba cantar, con voz de lamento y dolor, el “wuayño” dedicado a su camarada y compañero César Lora: “Los mineros lloran sangre/ por la muerte de un obrero/ ése ha sido César Lora/ asesinado en San Pedro./ Para el minero no hay justicia/ para el minero no hay perdón/ más bien tratan de aplastarlo/ capitalistas sinvergüenzas...”. Después, charango en mano y “guardatojo” en alto, se lo escuchaba gritar: “¡Vivan los mineros, carajo! ¡Gloria a César Lora e Isaac Camacho!...”.

Víctor Siñani, desde que abandonó el campo y se proletarizó en las minas, siguió los pasos de César Lora, por quien sentía una franca admiración y respeto. Creía ciegamente en sus palabras y acciones, pues sabía que él hablaba con sabiduría popular y con el corazón en la boca, y sus hechos estaban encaminados a conquistar una sociedad más justa y equitativa, donde no exista ya más lamento ni clamor ni dolor. Tanta era su confianza depositada en el caudillo obrero que, muchas veces, quiso creer que era el único hombre en la tierra capaz de hacer posible que los trabajadores sean los dueños absolutos de su destino, que los ojos de los ciegos se abran, que los oídos de los sordos se destapen y la lengua de los pobres se desate con alegría. Mas todo este sueño se tornó en pesadilla, cuando el 29 de julio de 1965, los chacales del dictador René Barrientos Ortuño, por órdenes expresas de la Junta Militar y la CIA., asesinaron a César Lora, con un disparo en la frente y una sentencia que decía: “¡Muerte a los subversores!”.

Todavía recuerdo aquella tarde de verano ardiente de 1974, en que Víctor Siñani, seguido por un piquete de mineros, se endilgó al cementerio de Llallagua, al otro lado de pampa María Barzola, con el propósito de desalojar los restos de César Lora, en cuyo nicho se pensaba sepultar el féretro de su finado padre. Víctor Siñani, apenas llegamos al cementerio, cuyas paredes parecían descolgarse de una colina hacia el fondo del río, abrió el nicho con martillo y cincel, arrastró el cajón de madera hacia sí y pidió que nos retiráramos del lugar por el temor a que la fetidez del cadáver, en estado de descomposición, nos provocara una “enfermedad”. Nosotros cumplimos su pedido, mientras él permaneció allí, solo, en cuclillas y dispuesto a desclavar el cajón con la punta de un cuchillo. Se cubrió la nariz con el cuello de la chamarra y, a poco de descubrir el cadáver de César Lora, que a una década de su asesinato seguía conservando las facciones de su rostro, se incorporó de golpe y dijo: “Aún no es tiempo de desalojar este cadáver”. Después, con los ojos a punto de estallar en lágrimas, volvió a clavar el cajón y a cerrar el nicho a cal y canto.

Víctor Siñani (Victuquito, para los amigos), así como aparece retratado en esta fotografía, que hoy forma parte de la portada de un libro, era un minero de pura cepa y un militante ejemplar, como todo revolucionario que no se vende ni se alquila.

Concejo aprobará Ley para sancionar a dueños de bares ilegales



Con el objetivo de reducir el consumo de bebidas alcohólicas, el Concejo Municipal aprobará en esta gestión el proyecto de Ley que sancione a dueños de bares clandestinos, indicó el presidente del Legislativo, Édgar Calderón.

"El Concejo ha devuelto esta Ley para que una Comisión de alto nivel pueda trabajar en este proyecto, elaborarlo y si fuera posible sustentarlo con quienes están involucrados, es decir, a quienes se aplicará de tal manera que la norma sea aprobada hasta fines de año", dijo.

En ese sentido, informó que la comisión conformada por la concejal Jhannet Chuquimia, Nancy Mamani, Óscar Huanca y Francisco Javier Tarqui, agilizan el trabajo de la Ley para su aprobación en una Sesión Ordinaria.

"La Ley va en dirección a que un local de expendio de bebidas alcohólicas deba tener autorización Municipal, de lo contrario no deberá funcionar. Debemos tomar conciencia y ver que esta normativa se cumpla por el bien de la sociedad", finalizó.

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Adolescente se suicidó en El Alto por temas sentimentales

Un adolescente de 17 años perdió la vida por suicidio ayer lunes en la zona de Senkata de El Alto. El muchacho utilizó una cuerda para ahorcarse, indicó el director de la fuerza anticrimen de esta ciudad, Erick Millares.

Según el jefe policial, el joven dejó una carta póstuma en la cual se advierte que el motivo de su decisión fue de carácter sentimental, porque sus padres no le permitieron tener una relación con una persona de su misma edad.

Millares recomendó a los padres de familia que tengan una mejor comunicación con sus hijos y que se interioricen de los problemas que tienen en el colegio.

Informó que en los últimos días se reportó varios casos de abandono de hogar, en los cuales los menores arguyen falta de comprensión y comunicación con sus padres.

Otro caso

El coronel Millares indicó que en la zona 12 de Octubre una comerciante sufrió el robo de unos 20 mil bolivianos tras ser engañada.

Explicó que una persona pidió a la vendedora una tarjeta de teléfono, pero no pagó. Entonces apareció un sujeto y le dijo a la comerciante que vaya a cobrar y que él le cuidaría su tienda.

La mujer accedió y salió a cobrar a la persona que se llevó la tarjeta. Ese momento fue aprovechado por antisociales que le robaron.

Millares pidió a la población tener cuidado con esta clase de engaños, sobre todo en esta época en que se acerca navidad.             

COBERTURA EL ALTO: EDWIN APAZ


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Ediles despejan la Panorámica en medio de pleito con gremiales


Ediles despejan la Panorámica en medio de pleito con gremiales

Sara Aliaga/ Página Siete. La Alcaldía alteña habilita con maquinaria la Av. Panorámica.

Madeleyne Aguilar / El Alto

 La dirección municipal de ferias y mercados de El Alto  habilitó ayer un carril de conexión entre las avenidas Panorámica norte y sur. En la   reubicación de  22 puestos de venta  hubo discusiones entre ediles y comerciantes.

 "Estos 22 puestos  son parte de  la  primera etapa. Posteriormente, se tiene planificado hacer la reubicación de 87, pero eso será cuando tengamos el proyecto consolidado", informó el director edil de Ferias y Mercados, Adrián Huanca. Explicó que las obras fueron "consensuadas con los vecinos y comerciantes del sector desde hace seis meses".  

Los asentamientos de comerciantes y amautas perjudicaron por años el tráfico vehicular en  la avenida Panorámica norte y  sur. Esa vía  es frontera entre las ciudades de La Paz y El Alto.
Ayer, mientras un tractor limpiaba escombros,  los vecinos se manifestaban  con gritos.
 
"Queremos  que toda la vía expedita, que se levanten los gremiales. Con este pedazo nos quiere despistar la Alcaldesa", advertían.

También protestaban las   vendedoras  afectadas que rechazaban la reubicación. Pese a la oposición, los guardias municipales movieron los puestos   a un sector cercano, en la misma zona. 

  "Nos quieren botar a un lugar cerrado donde no vamos a vender. Todavía  no están haciendo  la obra grande, sólo con nuestro sector. Cuando hagan toda la avenida nos vamos a mover",  reclamaba  la vendedora Claudia Quispe. Un grupo pequeño de comerciante apoyaba  su posición  también con llanto. 

Algunas compañeras le reprochaban que "todas habían consensuado aceptar el traslado".
 
Destacaban que si mejoraba la avenida, también se beneficiarían los  puestos de venta. Las obras contaron con resguardo policial y los vecinos también ayudaron con la limpieza.

 "Después de años se está haciendo realidad nuestro sueño. Las obras han sido consensuadas y se ejecutan  con el POA vecinal de Villa Dolores. Todo, con el fin que el WaynaBus pueda transitar", informó la presidenta de la zona, Fátima Machaca.

El subalcalde del distrito 1, Lupo Hinojosa,  destacó el apoyo vecinal. Remarcó  que  se habitará la vía, antes de mover o demoler las casetas de los  amautas.

"La reubicación de los amautas es  tratada por la dirección de Culturas. Este reordenamiento es un primer paso con el que amablemente la población ha colaborado", dijo Hinojosa.

Para coordinar las obras de la avenida, que va desde Faro Murillo hasta la Ceja, en 2015 se conformó un comité  con representantes de ambas urbes . El subalcalde del macrodistrito paceño Max Paredes, Gonzalo Ticona,  pidió que se debía despejar la parte  alteña. Dijo que urge  reubicar a los amautas que están en  medio.

Fejuve y COR niegan autoría del panfleto que pide nuevo alcalde

Madeleyne Aguilar / El Alto

Dirigentes de la Central Obrera Regional (COR) y de la Federación de Juntas Vecinales (Fejuve) de El Alto niegan autoría del panfleto que plantea la elección de un nuevo burgomaestre "por simple mayoría"; además de la liberación del exalcalde  Édgar Patana y el dirigente gremial Braulio Rocha. Soledad  Chapetón dice que ese volante  evidencia intereses políticos  contra su gestión.  

La circular, que se distribuía ayer por montones en la avenida 6 de Marzo, indica que "los nombres (de candidatos a alcalde alteño)  saldrán de la Federación de Padres de Familia, la Federación de Gremiales y   la Fejuve. La elección será por simple mayoría".  

Los volantes tienen la firma del secretario ejecutivo de la COR, Antonio Eliseo Suxo; el presidente de la Fejuve, Sandro Ramírez; la presidenta de la Federación de Padres de Familia, Jenny Arce; y el secretario ejecutivo de la Federación de Trabajadores Gremiales, Rodolfo Mancilla. Todas, entidades opositoras a la gestión de Soledad Chapetón.

 El panfleto añade que la elección del nuevo alcalde   se trataría en el cabildo  que se realizó ayer  en memoria de los caídos en la  Guerra del Gas. Sin embargo, no fue mencionado en el acto.

 "Que lamentable lo que hemos visto en un panfleto en el que se pide la liberación de Édgar Patana. Nosotros de ninguna manera hemos sacado ese aviso. Solamente estamos recordando a los caídos de octubre, los 13 años de la masacre de Sánchez de Lozada. Censuramos esa acción, seguramente la hicieron los de la oposición", dijo  Suxo, de la COR.

Por su parte, el presidente de la Fejuve, Sandro Ramírez, dijo que era falsa su firma en los  volantes. "Nos hemos sorprendido con una bolsa de panfletería. Lamentablemente, las personas que la llevaban dijeron que  habían sido pagadas para distribuir las boletas", señaló.

 Dirigentes  del Pacto de Unidad   encabezaron ayer el cabildo  en memoria de las víctimas  de octubre de 2003. En la tarima central,  instalada en el Puente del distribuidor de la Ceja,  colocaron carteles en contra de la alcaldesa. La calificaban de "vende patria".

 En el acto, cuando Ramírez leyó parte del pliego petitorio de El Alto para las autoridades, acotó: "Compañeros, somos testigos que la alcaldesa ha dividido las organizaciones sociales, siguiendo consejos de su amo neoliberal Doria Medina. Les decimos que su plan ha fracasado porque los alteños no somos tontos para caer en su trampa. Alcaldesa,  trabaje para la ciudad y no solo para sus amiguitos".

Mientras realizaban el cabildo, Chapetón inauguraba las obras de la estación de bomberos.
 
Consultada sobre el panfleto, recordó que ella ya advirtió un complot en su contra . "Ratificamos que hay intereses de desestabilización, para atentar contra la democracia en nuestro municipio.
 


Tania, la guerrillera inolvidable

Por: Víctor Montoya

Cuando Tamara Bunker (Tania) llegó a Bolivia en noviembre de 1964, con el nombre de Laura Gutiérrez, de nacionalidad argentina y profesión etnóloga, en la frontera andina se le anticipó un viento que hablaba la lengua aymara.

Tania vivió en La Paz dando la apariencia de ser una persona pudiente y, valiéndose de su vasta cultura e inteligencia, empezó a hilar amistad con personalidades afines a la cúpula del gobierno. Así, camuflada, se mantuvo por mucho tiempo, sin que nadie sospechara de ella, ni siquiera los presidentes René Barrientos Ortuño y Alfredo Ovando Candia, junto a quienes emerge su imagen en una fotografía captada durante una concentración campesina.

Al iniciar la fase de preparación y organización de la lucha armada, Tania era ya un engranaje indispensable en el desarrollo del trabajo urbano de la guerrilla, aunque “la idea general de su utilización por el Che –recuerda Harry Villegas (Pombo)– no era de que participara directamente en la ejecución de acciones, sino que, dadas las posibilidades de conexiones en las altas esferas gubernamentales y dentro de los medios donde se podía obtener algún tipo de información estratégica y de importancia táctica, dedicarla abiertamente a este tipo de tarea y mantenerla como reserva, desde el punto de vista operativo, que en un momento determinado fuera necesario utilizar a una persona que no fuese sospechosa, contándose con alguien confiable para poder realizar el ocultamiento de algunos compañeros e incluso la recepción de algún mensajero que viniese con algo extremadamente importante”.

En diciembre de 1966, en vísperas de Año Nuevo, Tania y Mario Monje llegaron al campamento guerrillero, donde los esperaba el Che. Su llegada fue un verdadero júbilo para todos, no sólo porque la conocían desde Cuba, sino también porque llevó consigo grabaciones de música latinoamericana.

En esa ocasión, el Che habló primero con Tania y después con Monje. A Tania le dio la instrucción de viajar a Argentina para entrevistarse con Mauricio y Jozami, y citarlos al campamento. A Monje, que pretendía detentar el mando supremo de la lucha armada, le dijo: la dirección de la guerrilla la tengo yo y en esto no admito ambigüedades, porque “tengo una experiencia militar que tú no tienes”. A lo que Monje contestó: mientras la guerrilla se desarrolle en Bolivia, “el mando absoluto lo debo tener yo (...) Ahora si la lucha se efectuara en Argentina, estoy dispuesto a ir contigo aunque no más fuera para cargarte la mochila”.

Apenas Tania cumplió su misión, sorteando los diversos obstáculos, retornó acompañada, entre otros, de Ciro Bustos (sobreviviente de la guerrilla de Salta). Y desacatando las instrucciones del Che, quien la ordenó no regresar a Camiri porque corría el riesgo de ser detectada, condujo en su jeep a Régis Debray, Ciro Bustos y otros, a la Casa de Calamina en Ñancahuazú.

Éste fue su tercer y último viaje a la base guerrillera, puesto que a partir de entonces se incorporaría a la lucha armada. Es decir, a compartir con sus compañeros todo cuanto aprendió en Cuba. El Che, considerándola una combatiente más, le entregó un fusil M-1.


Su adaptación al medio geográfico fue asombrosamente rápida, a pesar del terreno abrupto. “Había momentos en que hubo que colgarse por sogas –dice Pombo–, en que hubo que gatear, prácticamente, arañando sobre las rocas, y podemos decir con toda sinceridad que Tania lo hizo en muchísimos casos con más efectividad que algunos compañeros, que, siendo hombres, tampoco estaban adaptados a este tipo de condiciones de vida”.

No obstante, meses después, debido a su delicado estado de salud, el Che la dejó en el grupo de la retaguardia, donde habían algunos elementos considerados resacas, y donde el valor estoico de Tania sirvió de ejemplo a varios de sus compañeros, junto a quienes, cuatro meses más tarde, caería acribillada en la emboscada de Vado del Yeso.

A fines de agosto de 1967, la tropa guerrillera, comandada por Vilo Acuña Núñez (Joaquín), salió al Río Grande y, orillándolo, llegó al cabo de una jornada a la casa de Honorato Rojas, de quien, meses antes, dijo el Che: “El campesino está dentro del tipo; capaz de ayudarnos, pero incapaz de prever los peligros que acarrea y por ello potencialmente peligroso”.

Cuando la retaguardia contactó a rojas, nadie pensó que la delación de este cobarde los arrojaría bajo el fuego enemigo. En efecto, el día en que fue apresado junto a otros campesinos, se comprometió a colaborar con las tropas del regimiento Manchego 12 de Infantería.

Por la noche, los guerrilleros durmieron en la casa del campesino y, al despuntar el alba, se retiraron, previo al acuerdo de que al día siguiente los guiaría, por un paso corto, hacia el Vado del Yeso.

Esa misma noche, una compañía de soldados, dirigida por el capitán Mario Vargas, marchó en dirección al Masicuri Bajo. Al otro día, el jefe del destacamento discutió los últimos detalles del plan con Rojas. “Usted haga lo que los guerrilleros le han pedido –le dijo–. Pero hágalos cruzar el Vado exactamente donde yo le diga y no más tarde de las tres”.

El 31 de agosto, a la hora convenida, los guerrilleros se encontraron con el campesino, quien les guió un trecho y les indicó el Vado. De súbito, la columna guerrillera hizo un alto y el teniente Israel Reyes (Braulio), como presintiendo el holocausto anunciado, dijo: “Hay muchas pisadas por este lugar”. El campesino, dubitativo, contestó: “Son mis hijos vigilando a los chanchos”.

Los guerrilleros caminaron un trecho y, antes de que el sol declinara a su ocaso, el campesino se despidió dándoles la mano. Luego se alejó sin volver la mirada, mientras su camisa blanca servía como señal a los soldados agazapados en las márgenes del río, prestos a presionar el dedo en el gatillo.

El capitán Vargas, al detectar a los guerrilleros entre los árboles que sombreaban el sendero, levantó los prismáticos a la altura de sus ojos y divisó la imagen física de Tania; era una mujer blanca en medio de la estepa verde, delgada por las privaciones de la lucha. Llevaba pantalones moteados, botines de soldado, blusa desteñida, mochila y fusil al hombro.

La distancia entre las tropas se hizo cada vez más corta. Braulio se internó en la emboscada y los soldados apuntaron sus armas contra los guerrilleros.

Braulio fue el primero en sentir el roce tibio del agua. Volteó la cabeza y, machete en mano, ordenó cruzar el río. Tania avanzaba en la retaguardia, antecedida por un guerrillero boliviano a quien el Che lo llamó “resaca”. Cuando se hubieron sumergido en el agua -excepto José Castillo-, con la mochila pesada y sosteniendo el arma sobre la cabeza, el capitán Mario Vargas impartió la orden de abrir fuego.

Los tiros vibraron como alambres tensos y, en medio de un torbellino de agua y cuerpos, los combatientes fueron cayendo en ademanes de fuga. Quienes no murieron en la primera descarga, se dejaron arrastrar por la corriente o se zambulleron. Braulio, haciendo ágiles contorsiones, disparó contra un soldado que estaba en el flanco, mientras los otros fallecían dando tiros en el aire. Tania intentó manipular su fusil con destreza, pero una bala le atravesó el pulmón y la tendió sobre el remanso.

Entre las ropas chamuscadas, la sangre y los cadáveres, quedaron dos prisioneros y otro que se escabulló en la maleza, hasta que una patrulla de rastrillaje dio con él y lo acribilló en el acto.

Al cabo de la masacre, los soldados, que disparaban todavía contra todo bulto que flotaba en el agua, no dieron con el cadáver de Tania. El médico José Cabrera Flores (Negro), al verla herida, quiere salvarla y se deja arrastrar por la corriente. El médico sale a la orilla arrastrando el cuerpo de la guerrillera. Verifica que está muerta, abandona el cadáver y vaga por los senderos, hasta que lo encuentran por el rastreo de los perros. El médico es asesinado por el sanitario de la patrulla que lo capturó.

Los soldados prosiguen la búsqueda de Tania y, a los siete días, encuentran su cadáver en la orilla. Se encontró también la mochila, con algo que tanto quiso a lo largo de su vida: la música latinoamericana.

Concluida la misión, los soldados inician su marcha hacia Vallegrande, con los cuerpos de los guerrilleros atados a largas ramas.

El capitán Mario Vargas es condecorado con galones y promovido a Mayor de ejército por su fulgurante carrera militar y, al mismo tiempo, es víctima de trastornos psíquicos y pesadillas angustiosas, en las que ve a Tania incorporándose con el fusil en alto, dispuesta a vengar su muerte.

Bibliografía consultada

Guevara, Ernesto-Che: “Obras 1957-1967. I. La acción armada”. Ed. François Maspéro, París, 1970.
Lara, Jesús: “Guerrillero Inti”. Ed. Los Amigos del Libro, Cochabamba, 1971.
Peredo-Leigue, Guido-Inti: “Mi campaña junto al Che”. Ed. Siglo XXI, México, 1979.
Rojas, Martha. Rodríguez, Mirta: “Tania, la guerrillera inolvidable”. Ed. Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1974.