La Red de Microcines Bolivia va en búsqueda del público; en El Alto, el GAMEA no apoya la iniciativa.

Iniciativa: Perú y Bolivia son pioneros de la experiencia y esperan la réplica en otros países. 

Son ya más de seis años que la Red de Microcines Bolivia sale a las calles paceñas con un solo fin: buscar a su público. No obstante de que su cartelera cinematográfica es variada, hay personas que todavía se resisten al llamado.

Sin embargo, el Centro Cultural Yaneramai, encabezado por Marcelo Cordero, no se da por vencido y continúa con la difusión audiovisual de esparcimiento y encuentro. El objetivo que se ha propuesto es exhibir en distintos puntos la diversidad y riqueza cinematográfica cargada de valores humanos y culturales que muchas veces se pasa por alto o se desconoce. 

Cordero explica que "salimos en busca de nuestro público y eso no implica que la gente venga, se siente y mire. El objetivo es demostrar a la población los beneficios que trae el cine para su diario vivir al enfocarse en temáticas de interés para la reflexión y acción comunal". 

Además, las proyecciones se programan basadas en las demandas de los espectadores, "tomando en cuenta cine asiático, europeo y latinoamericano", que no son los que más se ofertan en las carteleras de las salas grandes o multisalas. 

La mayoría de la sociedad está acostumbrada a las grandes empresas cinematográficas comerciales, dejando de lado el cine independiente, con el que "se busca equilibrar el aspecto industrial y cultural del fenómeno audiovisual. Cada película será trabajada de forma particular de acuerdo con sus características. Lo que queremos es que las producciones lleguen de la mejor forma posible al ciudadano", explica Cordero. 

INDUSTRIA AUDIOVISUAL. Desde su creación el año 2004, la Red de Microcines Bolivia busca la construcción de una industria audiovisual en el país. Esta iniciativa se concentra a partir del compromiso del Centro Cultural Yaneramai en alianza con el Grupo Chaski, del Perú, y el Consejo Nacional del Cine (Conacine). Asimismo, se trabaja en estrecha coordinación con grupos de líderes comunales y organizaciones de la sociedad civil. "El objetivo es crear un espacio sociocultural en diferentes lugares en el cual se muestren películas con alto contenido cultural y de entretenimiento", indicó. 

El director de Yaneramai resaltó que el país planteó alternativas para la industria cinematográfica hacia países extranjeros que se interesan por el proyecto. Entre ellos están Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Ecuador y México. "Estamos orgullosos porque el propósito ya no es local, ahora estamos navegando fuera del país. El cine es una de las industrias más poderosas del mundo que valida nuestra identidad", manifestó Cordero. 

LAS SALAS. Hay cuatro microcines que están en las urbes paceña, alteña y orureña. El primero, en el barrio de Chasquipampa, en la sede de Yaneramai. El segundo, en el Teatro Trono de Ciudad Satélite en El Alto. El tercero, en la Escuela Municipal de Artes del edificio de la Alcaldía alteña, sala "Jorge Ruiz" y es coordinado con la Fundación de Educación para el Desarrollo (Fautapo), pero a raíz de problemas entre la Escuela y la Alcaldía de El Alto, desde esta semana esta sala es una carpa que va de barrio en barrio presentando cine. 

El cuarto, por ahora, está en El Muro, local cercano a la plaza principal de Oruro. 

GESTORES CULTURALES. Para la ampliación de los microcines, el centro cultural Yaneramai capacita y asesora a los líderes para que se formen como promotores culturales de cine para el desarrollo. 

Esto se realiza a través de su Programa de Formación para la Gestión Cultural de Microcines en diversos departamentos de Bolivia que funcionan de manera organizada y articulada. 

Cordero sostiene que "estas personas son quienes gestionan una implementación básica para el funcionamiento y éxito de su microcine. Nosotros les damos solamente el método básico de supervivencia". 

Se considera que un microcine funciona, básicamente, como una microempresa. Por consiguiente, es un medio generador de recursos económicos y creador de fuentes de empleo. 

Otro de sus fines es la formación de un auditorio cinéfilo. Para ello debe crear o reforzar el hábito de ir al cine dando la oportunidad de ver películas en pantalla grande y en ambientes de sociabilidad donde las personas se entretienen y comparten. 

La Red de Microcines Bolivia va integrando, poco a poco, el territorio nacional, pues ya está en proyecto un par de salas en las ciudades de Sucre y Tarija. 

¿Qué es un microcine? 

Es un espacio de difusión audiovisual, de esparcimiento y de encuentro donde se exhibe la diversidad y riqueza cinematográfica cargada de valores humanos y culturales, propiciando la comunicación, la participación y el debate en torno a las problemáticas y estéticas planteadas en las películas. 

Este tipo de salas conforman, a su vez, núcleos de actividad cultural en los que intervienen de manera activa personas, instituciones y agrupaciones de diferentes ciudades, comunidades y culturas. 

Además, los microcines son una base eficaz para la creación de una industria audiovisual propia que activa la cadena productiva característica de la industria cinematográfica (producción, distribución, exhibición o difusión), pero acorde con la realidad social, cultural y económica de cada país. 

Un microcine difiere de una sala tradicional —o de las multisalas— en la estructura de propiedad. Funciona en un sistema de red y se maneja bajo la coordinación de un ente matriz que se encarga de proveer películas y brindar asesoría y capacitación en ambientación de local, programación de películas, organización de cine-foros, crítica, promoción y gestión de microcines. 

En un microcine se proyecta la película acompañada de dinámicas como el cine-foro y el cine-debate, lo cual permite una participación activa de los espectadores y la formación constante de analistas críticos ante lo que ven. Se trata, en síntesis, de espacios para ver y discutir películas. 

Atraídos por el audiovisual 

El cine tiene una enorme fuerza como vehículo de transmisión ideológica, cultural y de acercamiento a otras realidades, además, claro, de sus aspectos de entretenimiento, distracción y socialización. 

Sin embargo, reflexionan en el documento que respalda su proyecto de microcines los integrantes del Centro Cultural Yaneramai, "la limitada oferta de infraestructura de exhibición cinematográfica y largos años de olvido y exclusión han ocasionado que el cine no esté dentro de las posibilidades de consumo de toda la gente". 

Por ello, la intencionalidad al crear la Red de Microcines Bolivia persigue, entre otras cosas: "Promover y valorar las culturas y la identidad propia; ser herramienta para el diálogo y la participación democrática; permitirle al espectador reconocerse, mirarse, criticarse, valorarse y reflexionar sobre su realidad sociocultural; fomentar el pensamiento crítico, las habilidades expresivas y las capacidades de transformar el entorno, y ser motor para el desarrollo económico de una población". 

El proyecto consiste en impulsar la creación de pequeñas salas en diferentes comunidades y lugares marginados de los circuitos convencionales de exhibición. 

Las pequeñas salas de cine funcionan bajo un sistema de red promovida y coordinada por el Centro Cultural Yaneramai, que se encarga de "impulsar la construcción de la red; distribuir las películas; capacitar a promotores y gestores audiovisuales; programar las películas de toda la Red; buscar e identificar alianzas y adjudicar los derechos de exhibición para la Red". 



TODO DIGITAL. La Red de Microcines Bolivia trabaja de manera exclusiva bajo formatos digitales. Según explican sus integrantes, las nuevas tecnologías "posibilitan exhibiciones cinematográficas con imagen y sonido de calidad, y a precios accesibles", lo cual disminuye los distintos costos operacionales de manera significativa. 

Los responsables de Yaneramai refieren que un microcine se crea "a partir del interés y el compromiso asumido por un grupo de líderes comunales y organizaciones de la sociedad civil para gestionar en su localidad un espacio sociocultural y de entretenimiento". 

Para establecer una de estas salas en condiciones mínimas de calidad se requiere de un espacio para butacas, proyector multimedia, equipo de sonido, reproductor digital, ecran (pantalla), desde luego, las películas (oferta principal de la Red) y los asistentes a ellas. 

De acuerdo con los datos que maneja Cordero, la inversión promedio "fluctúa entre los 2.500 y 5.000 dólares estadounidenses, dependiendo de la adquisición de los equipos audiovisuales". 

Aunque esas cifras pudieran parecer privativas, si se considera que un microcine debe ser visto ante todo como un emprendimiento que busca ser rentado, la inversión puede no resultar tan elevada. 

"Personas y organizaciones privadas o públicas que vean en el audiovisual una vía para el desarrollo cultural, artístico, social y económico de sus comunidades pueden crear uno", concluye Cordero. 

Para destacar 

En Perú, el Grupo Chaski logró armar un amplio catálogo de películas de distinta temática. 

Stefan Kaspar, cineasta suizo afincado en el vecino país, es quien encabeza el Grupo Chaski.

La oferta que lleva a través del territorio peruano incluye más de una treintena de títulos. 

El Centro Cultural Yaneramai lleva la posta en Bolivia con cuatro salas hasta ahora. 

La Red se creó en 2004 y persigue el establecimiento de una industria audiovisual en el país. 

Además de los microcines, Marcelo Cordero distribuye filmes no comerciales. 

Se arrienda y Las tortugas también vuelan son dos de las películas que trajo a Bolivia. 


Mariela Laura Aruquipa
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