Por: Lupe Cajias.

La ciudad de El Alto es formalmente la más joven del país, aunque su espacio fue ocupado desde hace centurias por sucesivas dinámicas migratorias. En el inicio del siglo XX, antiguas fotografías revelan la inmensa estepa, con algunas construcciones dispersas; de pronto sobresale algún árbol, un pino, un eucalipto.

Zonas como El Kenko, el sendero a Achocalla, la salida al Lago Titicaca y a Lima (el mar), el pequeño aeropuerto, son algunas de las imágenes tradicionales. Desde los años 50, el páramo se llena de casas, de calles, de locales y de muchas fábricas. El Alto recibió como migrantes a la mano de obra liberada por la implementación de la Reforma Agraria en la zona andina y valluna. Casas pobres, en su mayoría sin enredaderas o clavelines.

Los ochenta, la década de las miserias, expulsó a cientos de mineros en el proceso de cierre de sus centros de trabajo. Miles de campesinos dejaron sus sayañas por la sequía que afectó sus cultivos. También llegaron peruanos, algunos fugitivos de la violencia en su país, otros fugitivos de la justicia por delitos comunes o delitos relacionados al terrorismo.

La planicie situada a cerca de los 4.000 metros de altura recibió a todos con los brazos abiertos. Se multiplicaron las unidades económicas, los barrios con nombres de la nostalgia del origen, las calles, los mercados, los locales y cantinas. Además de ser junto a Santa Cruz la ciudad con mayor crecimiento poblacional, comparte con esa capital la cantidad y extensión de las avenidas, casi siempre sin veredas favorables al peatón.

Otras ciudades bolivianas crecieron de forma dinámica estos últimos 20 años, como Cobija o Tarija. Es inevitable el desorden y la improvisación, sin embargo, todas acompañan la expansión con nuevas plazas, parques, siembra de árboles. Oruro, con todo su ventarrón, tiene hermosos parques incluyendo la primorosa plaza principal.

En cambio, El Alto es una ciudad de casi un millón de habitantes con escasísimas manchas verdes, casi todas privadas. En otras épocas, la Alcaldía Municipal intentó crear jardines infantiles y volver la Avenida Bolivia es un reconfortante paseo arbolado. También hay señales de intentos de sembrar pinos en las plazoletas nuevas.

Sin embargo, actualmente sólo se tiene el panorama de la basura acumulada. Aparentemente no existe apoyo ciudadano y ninguna autoridad realizó una campaña de sensibilización para que los jóvenes o los conductores respeten al álamo cuando apenas asoma, a las retamas que dan colorido, a las kantutas simbólicas. Tres o cuatro canchas de pasto sintético no cambian el panorama.

El alcalde Edgar Patana señala que su ciudad es una bomba de tiempo por la creciente demanda de servicios. Seguramente el habitante alteño exige que se cumplan tantas promesas, aún cuando muchos son pasajeros pues se dice que El Alto es una ciudad dormitorio, donde muchos de sus vecinos trabajan en La Paz.

Nadie habla de la necesidad de tener y cuidar parques de recreación infantil y juvenil. Sólo el domingo miles de alteños bajan a Mallasilla a gozar los jardines paceños. Un parque es un apoyo para la calidad de vida. ¡Qué memorable sería que podamos apodar a Patana como el "alcalde jardinero". Si sólo fuese esa su obra…



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