Todas las madrugadas la Ceja queda a merced de atracadores

Peligro. Las víctimas son mujeres, borrachos y personas que caminan solas
La Razón - Miguel A. Rivas - El Alto
Todas las noches y madrugadas, entre las 23.00 y 05.00, grupos de
entre cinco y 10 jóvenes y adultos realizan atracos en la Ceja de El
Alto. Las principales víctimas son mujeres, personas en estado de
ebriedad y quienes caminan solos.


delincuencia. Dos ladrones reducen a un joven cerca de los quioscos de
la Ceja de El Alto. | Fuente: Foto: Angel Illanes
Img1 | Img2 | 1 / 2StartStop


Un grupo de periodistas de La Razón observó de cerca las actitudes y
formas de operar de los delincuentes, que aguardan ocultos y reducen a
sus víctimas con diferentes técnicas, como colocarles sogas de goma en
el cuello para despojarles de sus pertenencias. Eso ocurre en el área
utilizada para tomar transporte entre el reloj de la Ceja y el
distribuidor vial que conduce a Río Seco,

Existen tres grupos que operan en el sector. Ellos se hacen pasar por
borrachos, parejas, o amigos que toman o pelean en las esquinas.

Uno de ellos, integrado por 10 personas, se ubica al ingreso de la
avenida Panorámica sector sur, donde comienzan las casetas de los
curanderos y brujos. Otro grupo, de al menos ocho componentes, se
encuentra entre las casetas de la avenida Tiahuanacu y el acceso a la
calle Franco Valle, que están pintadas con publicidad de una empresa
telefónica y algunas sólo de amarillo o azul.

Un tercer contingente de unos cinco integrantes se ubica en el mismo
sector al ingreso de la avenida Franco Valle. También existen
delincuentes que operan de manera individual escondiéndose entre los
quioscos y calles oscuras cerca a la Alcaldía Quemada, entre los
edificios Cochabamba y un inmueble en construcción.

En general, las víctimas son mujeres solas que llevan carteras o
alguna pertenencia expuesta; además personas en estado de ebriedad
indistintamente de la edad o del sexo; y gente que camina sola.

Los asaltantes aguardan que no haya testigos para operar, como contó
una persona que a diario pasa por ese lugar: "La mayoría de estas
personas llegan del trabajo o salen de las discotecas".

Para la Dirección de Seguridad Ciudadana de la Alcaldía alteña esta
situación es consecuencia de la proliferación de bares y cantinas en
la Ceja, donde existen al menos 720 locales de expendio de bebidas
alcohólicas, a cada uno de los cuales acuden entre 30 y 50 personas
durante el fin de semana.

El mayor Dayler Zurita, director de esta unidad municipal, dijo que
cerca de 30.000 personas llenan los locales en ese tiempo. "Esta
cantidad de personas se recoge por la noche y una mayoría en estado de
ebriedad, lo que los convierte en potenciales víctimas de los
delincuentes que rondan la Ceja".

Vigilancia. Los periodistas de la Razón, ocultos en una edificación,
observaron por dos noches el accionar de los asaltantes. En ambas
jornadas fueron testigos de seis atracos: en tres de ellos las
víctimas fueron varones jóvenes de entre 20 y 25 años en estado de
ebriedad, en dos mujeres y en la última una pareja distraída que
peleaba cerca de la Alcaldía Quemada.

A las 00.50 del miércoles 4, se vio el primer robo sobre el
distribuidor vial de la Ceja, frente al Centro de Referencia
Ambulatorio (CRA). Una pareja de delincuentes se acercó a un joven de
unos 25 años, aparentemente ebrio, que caminaba solo. El varón le
gritó: ¡cuál es tu segundo nombre!, y como no respondía le agarró de
la chamara y lo tumbó al suelo, donde lo golpeó. Su pareja, una mujer,
aprovechó para sustraerle algo del bolsillo, aparentemente una
billetera, para luego correr y escapar hacia la avenida Naciones
Unidas.

A las 02.34 llegó un bus de la Policía que luego de dar dos vueltas
sobre el puente del distribuidor se estacionó cerca a la Alcaldía, del
que descendieron ocho efectivos que se dirigieron hacia la calle Jorge
Carrasco. Unos minutos después retornó por el sitio un contingente de
tres efectivos, que tampoco permanecieron en el lugar y se desplazaron
hacia la avenida Franco Valle de donde no retornaron. Ningún otro
policía se quedó o volvió por el sector.

Ante la presencia de los efectivos algunos de los delincuentes se
ocultaron detrás de las casetas, pero volvieron a aparecer cuando se
retiraron los uniformados.

En medio de los quioscos ubicados entre las calles Tiahuanacu y Franco
Valle los delincuentes cuentan con un pasaje que une ambas vías y que
utilizan para hacer relevos o empujar a la gente y robarles.

Fue en este sector donde se vio otro modo de operar. Allí se internó
una pareja, un hombre y una mujer. Ella reía y abrazaba a su
acompañante cuando de pronto los rateros agarraron al hombre, lo
redujeron, le quitaron su maletín y su chamarra, mientras ella
gritaba, pero no pedía auxilio. Los delincuentes también redujeron a
la mujer mientras su acompañante huía, pero cuando éste desapareció,
ella se levantó y se unió a los rateros.

En la segunda jornada, a la 01.12 ocurrió un hecho similar. Los
delincuentes se hicieron pasar por una pareja y cuando vieron llegar
de la calle Franco Valle a su víctima comenzaron a besarse, pero se
pelearon justo cuando el sujeto, de unos 40 años, pasaba por su lado.

La mujer le pidió ayuda y se colocó detrás del hombre y cuando éste se
distrajo con el supuesto enamorado que parecía enojado, la delincuente
le sacó del bolsillo su billetera. Luego dijo: "Julio calmate,
hablemos, no ha pasado nada".

Una hora después a una mujer que descendió de un minibús un ratero que
se hacía el ebrio le arrebató su cartera de un jalón, sin que nadie
reaccione ante los gritos de ella.

Existen otras zonas de riesgo
Según los testigos y víctimas de asaltos, en El Alto existen varias
zonas de riesgo. La Ceja, entre la Naciones Unidas y el distribuidor
vial, es considerada la más peligrosa. También son de cuidado: la
Jorge Carrasco donde funcionan discotecas, bares y lenocinios, entre
las calles 1 y 3; la avenida Antofagasta de Villa Dolores y el barrio
Chino; la plaza principal de la zona 16 de Julio y la intersección de
Ballivián, Alto Lima y plaza Germán Busch; además de la extranca a Río
Seco, y el cruce Viacha-Vila Adela.

En el lugar hay 720 locales que comercian alcohol

La Policía considera que esta proliferación es una de las causas que
ocasiona asaltos
De un aproximado de 1.200 locales de expendio de bebidas alcohólicas
existentes en la urbe alteña, el 60 % se encuentra en la Ceja, lo que
equivale a 720 negocios dedicados a este negocio.

De los 1.200, 350 son legales y el resto, unos 850, están catalogados
como clandestinos.
El director de Seguridad Ciudadana del Gobierno Municipal de esta
ciudad, Dayler Zurita, aseveró que éste es uno de los motivos para que
exista delincuencia en la Ceja.

"La Ceja es el lugar de mayor concentración de negocios, entre legales
e ilegales, donde se ofrece a los ciudadanos bebidas alcohólicas y
como bien se sabe algunas son adulteradas. Éste es uno de los factores
por los que la delincuencia sube en el centro de la ciudad de El
Alto".

El director de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) de
esta ciudad, Roberto Campos, aseguró que la apertura de bares,
cantinas, además de discotecas y el excesivo consumo de alcohol, son
las principales preocupaciones de las autoridades porque provocan
hechos delictivos.

"Nos preocupa mucho, pero existen propietarios y comerciantes
negligentes, como gente imprudente".

factores. Para Dayler Zurita, además del expendio de bebidas
alcohólicas, otras causas que derivan en hechos delictivos son: la
aparición de gente indocumentada, la pobreza y la mala educación que
reciben los jóvenes en sus hogares o en su entorno.

"Los factores suelen ser diversos, pero derivan en un sólo aspecto los
actos delictivos, atracos, asaltos, violaciones entre muchos otros
delitos".

El director de la FELCC de El Alto recomendó a la población no
circular por estos sectores a "muy altas horas de la noche y solos",
no consumir en exceso bebidas alcohólicas y no buscar problemas con
gente desconocida para evitar tropezar con los delincuentes de esa
ciudad.

Barrios con más locales
Las zonas con mayor cantidad de locales de expendio de bebidas
alcohólicas en la ciudad de El Alto son: 12 de Octubre, principalmente
en las calles Jorge Carrasco, Franco Valle y Raúl Salmón; en Villa
Dolores, en Villa Bolivar "A" y al ingreso a la 16 de Julio en el
sector de la riel, sobre la avenida Panorámica Norte.

Los ladrones operan en grupos y en áreas

La Razón se contactó con una persona que se encuentra en un centro de
rehabilitación para alcohólicos y drogadictos, quien contó sus
experiencias en la Ceja. Dijo que usaba el alias de Relojero, en
alusión al lugar donde robaba, cerca del reloj de la Ceja y contó que
unos asaltan por necesidad y que otros lo hacen por costumbre o por
formación.
Relojero contó que las bandas "trabajan" en grupos para poder lograr
su objetivo.

"Algunos, como yo, caímos en eso porque venimos de familias pobres,
otros en cambio ya se han formado así desde niños, sus padres
trabajaban de esta forma y han sido ellos mismos quienes les enseñaron
a sus hijos, es una costumbre".

El joven de unos 25 años de edad, aproximadamente, dijo que cuando
asaltan se encuentran sanos, pero una vez que logran tener algo de
dinero se compraban bebidas alcohólicas, generalmente después de sus
fechorías entre las 05.00 ó 06.00.

Mencionó que no cuentan con un jefe y que se guían y organizan de
manera grupal. En el suyo existían dos mujeres que ayudaban a embaucar
a los "duros", cómo llamó a los ebrios, para luego sacarles dinero en
un lugar apartado.

Círculo. El joven explicó sin mucho remordimiento que entre ellos son
"muy unidos", pero si alguien traiciona al grupo, dependiendo de la
magnitud del incidente, pueden incluso hasta matarlo. Comentó que
entrar al círculo no era fácil, pues debían pasar pruebas para probar
que no son "buzos" o infiltrados de la Policía.

"Esto nunca ha sucedido en nuestro grupo, por eso hemos logrado muchas
cosas. El dinero que se robaba no siempre era en grandes cantidades,
una vez hemos alcanzado a los 4.000 bolivianos de una sola persona y
ese monto se repartió entre todos".

Relojero no dio detalles de qué tipo de pruebas se les asignaba a los
novatos, que aparecían con historias de abandono por parte de sus
padres.

Periodista(s): Miguel A. Rivas - El Alto

http://www.la-razon.com/version.php?ArticleId=138916&EditionId=2679