Elizabeth Machicao Barbery


Cuándo van a entender que las leyes solas no funcionan, se quedan en el papel, se vacían de su verdadero sentido cuando no hay la voluntad política de hacer que éstas se cumplan. 

Sería saludable que se informe qué pasa con las leyes que se apresuran en aprobar cuando hay casos que se vuelven emblemáticos. 

Dos ejemplos: la Ley 263 contra la trata y tráfico de personas, que no ha cambiado en nada la situación, es más, la ha empeorado. Sólo en La Paz, en lo que va del año, más de 200 adolescentes y jóvenes han desaparecido producto de este flagelo; o la Ley 348, qué es la Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia. Hasta la fecha más de 120 mujeres han sido asesinadas, 80 en feminicidios y el resto por la inseguridad ciudadana.

Averigüé por qué no funcionan hasta ahora, pese a que cuentan con considerables recursos.

La última ley que se le ha ocurrido presentar no va a "eliminar los grupos pandilleros del país" lo único que va a  hacer es discriminar, castigar y estigmatizar a los más pobres. Si no sabe, las pandillas están conformadas, en su mayoría, por adolescentes y jóvenes pobres que viven donde hay marginalidad y la inequidad más perversa, que tiene sus nichos en la violencia intrafamiliar, en el alcoholismo de uno de sus padres o de los dos, en el abandono, en la falta de escolaridad, en el olvido.

Sería urgente y necesario, que usted, que ahora forma parte de uno de los gobiernos con más recursos y elocuencia sobre el "cambio", el socialismo del siglo XXI y las políticas públicas en favor de los más pobres, planteara soluciones más estructurales, las de fondo y no de forma; las importantes, no las urgentes, que no sólo sirvan para hacer política, ya sabemos con qué fin. 

El  proyecto de ley que ha planteado para "castigar a los padres de hijos pandilleros con la prohibición de acceder a cargos públicos" no va a resolver este problema, si no se cambia, mejora y complementa la educación, si no se integra el currículo con temas que hablen sobre la prevención de las violencias, desde que los ciudadanos son sujeto de derechos.

Ese proyecto no resolverá el problema si no se construyen complejos deportivos donde se puedan practicar todos los deportes y donde la entrada sea gratis o accesible a su realidad. Eso sí conseguiría  sacar a los adolescentes y a los jóvenes de las calles, igual que los centros culturales completos, innovadores, desafiantes, además de empleos para sus padres, pero con sueldos dignos.

Si no se asume que somos una sociedad con problemas con el alcohol y se hace algo al respecto, si no se les da un futuro a los "pandilleros", no se resolverá nada. Como ve, este tema tiene varias aristas, la ley es la de menos, si no se resuelven las cosas fundamentales.

Sólo en la ciudad de El Alto, hay más de 100 pandillas de diferente conformación y peligrosidad. ¿Por qué no se da una vuelta por sus calles (cuando pueda pasar porque parecen bombardeadas)? ¿Por qué no les pregunta qué piensan de sus canchas con "pasto sintético" (que ahora además se han vuelto inaccesibles por sus precios)? ¿Por qué no averigua a dónde pueden ir después de la escuela o los fines de semana? o ¿por qué, sin ser parte de una pandilla, se dedican a tomar alcohol, drogarse o meterse tardes enteras a los tilines?

Tal vez sus respuestas le den luces sobre lo que debería hacerse, ya que le mostrarían lo que viven. El que haya pandillas no es sólo responsabilidad de los padres, que en última instancia son producto del mismo sistema, es también, y sobre todo, responsabilidad del Estado y el Gobierno.

Las leyes se pueden volver una gran mentira cuando la impunidad y la injusticia siguen campeando en las calles.

Encima, hablar de "inhabilitar o restringir a una persona a un trabajo" -cuando éste es un derecho  establecido en los artículos 13,14, 46 y 238 entre otros, de la Constitución Política del Estado (CPE)- no sólo es injusto y discriminador, es una invitación a que sigan creciendo y afloren más pandillas, y al incremento de la delincuencia y la inseguridad ciudadana. 
No es así la cosa, diputado Tupa…

Elizabeth Machicao es 

psicopedagoga.

Fuente: Pagina Siete.