El Alto es una urbe sui generis debido a ciertas características históricas, demográficas, culturales, económicas, sociales y políticas. En efecto es la ciudad más joven, la más pobre, la más abigarrada, la más postergada, la más peligrosa y la más violenta, explica Antonio Edgar Moreno Valdivia.

En tanto que el director de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc) de El Alto, Juan Sanjinés, observa que en mucho de los casos los menores son involucrados a hechos criminales como víctimas o relacionados a los mismos.

En el terreno de las estadísticas, la ciudad de El Alto es considerada como una de las urbes más violentas y peligrosas del país. A nivel nacional, en términos de violencia social urbana ocupa el segundo lugar después de la ciudad de Santa Cruz y, en relación a la violencia intrafamiliar, ocupa el primer puesto.

Para el 2006, el Informe sobre Desarrollo Humano en Bolivia vinculado al tema de la “Policía Nacional y Seguridad Ciudadana” señala que ocho de cada diez habitantes alteños se sienten inseguros o muy inseguros al recorrer los espacios públicos de su ciudad. En este mismo año, un diagnóstico realizado por la Alcaldía alteña establece que cuatro de cada diez alteños o, en su defecto, algunos de sus familiares fueron víctimas de algún tipo de delito, detalla Moreno.

Para el año 2011, la Felcc informó que en esta ciudad se producen, en promedio por día, entre tres y cinco asaltos, dos y tres atracos, dos y tres casos de victimas “acogotadas”; asimismo, cada día en promedio, se reporta entre una y cuatro personas muertas por causas violentas. Estos datos estadísticos revelan un panorama preocupante en relación a la inseguridad ciudadana en dos dimensiones, por un lado, mayores niveles de inseguridad fáctica que se traducen en un incremento de la violencia, los homicidios y la delincuencia y, por otro lado, mayores niveles de inseguridad simbólica que van acompañadas de un aumento en las sensaciones de miedo, temor e inseguridad.

En función de esta bi-dimensionalidad, no resulta casual que casi la mayoría de los “alteños”, tengan una historia que contar vinculada a la violencia e inseguridad fáctica y simbólica en términos de miedo, temor, recelo, amenazas, golpizas, peleas, robos, atracos, asaltos, heridas, desapariciones e inclusive muertes.

Esta apretada revisión de los datos estadísticos provenientes de organismos policiales e instituciones municipales, pone en evidencia el hecho de que una buena parte de la población alteña no se siente segura y que la inseguridad ciudadana se ha constituido en un mal social muy difundido, latente, sordo y frecuente que se está convirtiendo en pan amargo de todos los días.

 

ROSTROS

Si bien intervienen una serie de factores objetivos y subjetivos en la conformación de un clima de inseguridad fáctica y simbólica, se considera que las principales amenazas que la población alteña percibe, siente y vive están vinculadas básicamente a los asaltos y los atracos, las pandillas juveniles, el consumo de bebidas alcohólicas, los asesinatos, las desapariciones, las violaciones y la violencia intra-familiar.

Se define legalmente al robo como la apropiación de bienes y objetos a través del uso de la violencia, la intimidación de personas o la imposición de la fuerza sobre las cosas.

Fuente: El Diario.