Algunas personas intentaron escapar saltando por las ventanas. Hubo desesperación por el incendio

Algunas personas intentaron escapar saltando por las ventanas. Hubo desesperación por el incendio



La historia se repite. La sangre, una vez más, se lleva vidas alteñas. A doña Juanita, por ejempo, la muerte le volvió a arrancar, con la misma dosis de tragedia, a otro ser querido. En octubre de 2003 fue su nieto, y ayer, su hijo, "el buenito".

"No Dios, no puede ser, ¿por qué se fue mi hijo? ¿Por qué?", exclamaba con desesperación y llanto la madre del ingeniero de sistemas Javier Mollericona, uno de los seis fallecidos en la toma de la Alcaldía de El Alto.

"Es profesional, tiene 29 años, tiene un hijito de tres años y su esposa está embarazada. Fue a dejar unos papeles para entrar a la Alcaldía, y ya no lo veré más. Pido justicia. Acordate señor Gobierno, no-sotros somos bolivianos, no chilenos. Acordate señor Gobierno, en octubre a mi nietito me lo han matado, y no hay justicia", exclamaba la señora entre lágrimas y gritos.

Recordó que el pequeño fallecido hace más de una década tenía cinco años. "Nos han baleado la casa, desde el puente Bolivia, un disparo le llegó a la cabecita, ahora a mi hijo, que haya justicia, justicia quiero señor Gobierno, escúchanos por favor", reclama.

Ayer, la desgracia regresó. Se notaba que tanto dolor no cabía en su pecho ni en su mente. Lloraba amargamente, luego, algunos minutos de silencio con la mirada perdida. Y otra vez el llanto. Metros más allá, doña María abrazaba a su hijo. Un grito de desesperación reemplazaba al llanto, porque ya no tenía más lágrimas para llorar a Gloria Magalí Calle.

"Esta mañana estaba feliz, se arregló, me pidió que rece por ella porque iba a presentar sus papeles para un ascenso en la Alcaldía. Yo le llamé, ella me contestó, me dijo que estaba en el tercer piso. Me dijo que no había forma de salir", afirmó.

Cuando volvió a llamar, "un compañero me contesta, yo le pido páseme con Gloria, señora, me respondió él, ella está inconsciente o tal vez se haya muerto, pero no sabemos. Llamé varias veces, hasta que al final me confirmaron que había fallecido mi chiquita. Apenas 21 añitos tenía", señaló.

El hermano de la muchacha señaló que lo torturaba la imagen de la joven, de su sonrisa, del abrazo que se dieron en la mañana. "Todos los días me encontraba con ella antes de ir al trabajo, jugábamos, no puedo creer que no la veré más", dijo.

Las seis víctimas salieron de casa y no volverán nunca más. Cuanto dolor, otra vez, en familias alteñas

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