Por: Rubén Marconi (*)

Es una wawa muy amena, juguetona, carismática, alegre y dinámica como su padre.

En este nuevo libro, Víctor Montoya nos pinta pequeñas historias reflejando los temas que más le acosan a cualquier artista: la vida, el amor y la muerte.

El libro no cuenta historias, las describe, las redescribe; pinta con colores mágicos hechos y momentos tan humanos como tan irreales, que el escritor, artífice de la palabra, los vuelve reales.

Por ello, esta obra tiene una conexión casi poética con el mundo y con los momentos que describe.

El condimento de todas las historias es la ironía, sutil a momentos, y, en otras, una ironía descarnada y atrevida.

Se burla del amor, de los engañados y de quienes engañan. Se burla de quienes van a ser fusilados, de aquellos personajes infantiles que se encuentran en la memoria colectiva de hombres y mujeres.

La metafísica popular hecha palabra y pulida a través de las manos del escritor.

Por otro lado, es un libro que abarca los temas trágicos y más amables de la vida, aunque lo amable puede volverse trágico y lo trágico volverse irónico.

El arte del microcuento es un oficio de mucho cálculo, quizás matemático e imaginativo, para ubicar cada palabra en su lugar, desechar aquello que no sirve y donde un pequeño signo puede marcar la diferencia. Y Víctor Montoya, con la experiencia recorrida, tiene muy claro este detalle.

Pero siento que existe una cierta ruptura con lo escrito anteriormente por Montoya, quien nutrió su arte en los países europeos y que ahora busca impulsar su literatura, no desde el exilio sino desde su país.

Digo ruptura, en el sentido más amable de la palabra, porque Víctor Montoya -que sembró numerosos textos en los géneros del cuento, la crónica, el testimonio y el ensayo, sin olvidarnos de las novelas que produjo en los últimos tiempos- nos sorprende  con una prosa renovada en su más reciente obra, que se diferencia de las anteriores tanto por las características y la universalidad de los temas.

Sin embargo, uno puede reconocer a Montoya en algunos de los temas abordados en “Microficciones”, que son recurrentes en su escritura: lo social y lo erótico.

Ni qué decir del magnífico aporte que le brindan los dibujos realizados por el artista plástico Jorge Codas.

* Comunicador social y profesor de literatura