Kuper, el juguete boliviano que compite con los Tonka

Estos juguetes de acero puro vienen en 22 variedades como palas, motoniveladoras y grúas. Con sus piezas móviles hacen casi todo lo que un vehículo de tamaño real.

Alejandra Pau / La Paz - 02/04/2011


Fotos: Wara Vargas/Página Siete
Fotos: Wara Vargas/Página Siete
José Nuñez, propietario de la fábrica Kuper, muestra algunas de las 22 variedades de juguetes que produce con acero puro.
Hace 23 años, la necesidad de tener un juguete para regalárselo a su hijo en Navidad hizo que José Núñez, técnico en metal mecánica, creara un jeep de acero puro. Ése fue el inicio de una empresa que hoy compite en calidad y es comparada con los legendarios juguetes Tonka.

La particularidad de estos vehículos es que sus modelos recrean grandes maquinarias, como motoniveladoras, grúas, o palas cargadoras, y tienen la mayoría de sus piezas móviles. Esto quiere decir que realmente están capacitadas para hacer el mismo trabajo que las reales sólo que, claro, a menor escala.

Kuper es en la actualidad una empresa ganadora de diferentes reconocimientos. Uno de ellos fue el Premio Líder en la categoría de micro y pequeña empresa en 2008.

Desde aquel jeep relativamente sencillo que Núñez construyó para su hijo -y del que luego hizo ocho ejemplares más- la gama de oferta se ha ampliado hasta llegar a 22 variedades, entre autos, maquinaria y camiones.

Los primeros clientes que agotaron de entrada las primeras piezas, alentaron al artesano a seguir fabricando. La aceptación fue tan buena que después de algún tiempo la producción no sólo se hizo para Navidad, sino durante todo el año, para ser comercializada todos los domingos en un puesto en la calle Arzabe de la Feria 16 de Julio de El Alto.

Actualmente la producción mensual llega a 120 jeeps y diez ejemplares de maquinaria grande.

El nombre y la Virgen

A mediados de la década de 1980, la primera camioneta que compró Núñez fue trasladada al lago Titicaca para recibir la bendición de la Virgen de Copacabana y la challa correspondiente.

Una vez en el lugar su hijo le preguntó cuál sería el nombre que le darían al vehículo. Después de pensarlo un poco, acordaron llamarlo Cooper.

Luego de algunos años, cuando empezó a fabricar los juguetes de acero tuvo que pensar en un nombre para la marca. Fue entonces que se pusieron de moda los juguetes Tonka por medio de un comercial en el que una volqueta real se destruía al caer en un despeñadero, mientras que la volqueta en miniatura repetía la hazaña y no sufría ningún rasguño.

Para ese entonces, el nombre de Cooper seguía en la cabeza de Nuñez, pero pensó que, como la "k" está presente en Tonka, entonces su marca también debería tener esa letra y decidió modificar el nombre a Kuper.

Por supuesto, no faltaron los clientes que hicieron esta comparación, pero después de más de dos décadas haciendo los juguetes Kuper, el nombre se ha ganado un lugar por sí mismo entre los clientes y coleccionistas del país y también, poco a poco, del exterior.

Un lazo con la niñez

Varios diseños son ensayados hasta obtener el final que toma detalles o partes de distintas marcas de grandes maquinarias como Carterpillar o Komatsu, pero que en la fábrica Kuper se convierten en modelos personalizados a través de la creación de una imagen, forma y ensamblado propio.

Pero, ¿por qué hacer juguetes que tengan piezas movibles y que sean capaces de recrear el trabajo de una maquinaria gigantesca, cuando en el mercado existen juguetes sencillos, a bajo costo y hasta desechables?

La respuesta se remonta a la niñez de José, cuando vivía en la mina Siglo XX, en Potosí, y observaba a esos gigantes moviendo grandes cantidades de tierra y roca y levantando a otros vehículos, mientras parecía que desafiaban a la gravedad.

Para este creador de vehículos a escala, el recuerdo de su niñez y esa aspiración de poder conducir a estos "monstruos" se ha traducido con los años en el objetivo de transmitir a los niños de las ciudades algo de esos trabajos que probablemente ellos no observan cerca de sus hogares.

"Es necesario darles algo con lo que experimenten, que les devuelva el contacto con la tierra y con los juegos didácticos y, por qué no, hasta que puedan desarmar y rearmar los juguetes", comenta.

Tal vez el mejor ejemplo de ello sea su propio hijo y algunos de los hijos de sus clientes que hallaron en los juguetes una invitación a experimentar, convirtiéndose así en los primeros pasos en su vocación para dedicarse años más tarde a estudiar arquitectura o ingeniería.

Actualmente, la empresa Kuper está en plena etapa de ampliación de su fábrica asentada en la ciudad de El Alto, donde se prevé montar un sistema de producción de alta capacidad para el ensamblaje de sus productos.

Al ingresar a la fábrica artesanal y en el momento de fotografiar los juguetes, Núñez comienza a formar historias y a crear situaciones ficticias de juego, como cualquier niño. "Ésta es mi manera de no perder la niñez", dice sonriendo.

http://www.paginasiete.bo/2011-04-03/Gente/NoticiaPrincipal/109AdeGen0411DOM03.aspx