Mery Vaca.

Indignada, el lunes emprendí la cobertura de la muerte de dos periodistas a manos de cogoteros (estranguladores).

Me encontraba en el hospital de Clínicas tratando de evadir los nauseabundos olores que emergían de ese indigno recinto que le llaman morgue cuando me topé con la historia de doña Zenobia Ramos.

Me mostró su cuello donde se podía observar una oscura marca dejada por los cogoteros que estuvieron a punto de asesinarla la noche del sábado en una plazuela de El Alto, cuando regresaba a su casa.

Zenobia pudo salvarse porque, tras una reacción inmediata, puso sus manos entre su cuello y la cuerda que le quitaba la respiración. La dejaron tirada en la calle y ella pudo regresar a su casa.

Pero, su historia no acaba ahí, pues desde el sábado su hija Alejandra, de 14 años, también está desaparecida y teme que haya caído en manos de la misma banda. Por eso, desesperada, la buscaba en la morgue.

En el mismo lugar estaban los cadáveres de Verónica y Víctor Hugo Peñasco, los hermanos periodistas, que fueron estrangulados la madrugada del sábado cuando iban a su trabajo.

Mi indignación por la muerte de dos periodistas se multiplica porque decenas de personas son asesinadas en El Alto de la misma forma desde hace muchos años.

En el último mes, la policía dijo haber desarticulado tres bandas de este tipo de asesinos, pero los crímenes continúan, lo que quiere decir que existen otras bandas o que los detenidos no son los únicos miembros de esas organizaciones criminales.

El Alto no está en medio de una guerra, pero, a juzgar por el número de muertos que dejan estas terroríficas bandas parece una ciudad bajo ataque.

Sólo una de esas bandas asesinó a 69 personas en 2011 y lo que va del 2012. Ese es el registro oficial que, seguro, ese número se queda chico frente a la realidad.

Si se tratara de violencia política, algún gobernante habría tenido que pagar estas muertes con su cargo y la cárcel, pero como es un tema de inseguridad ciudadana, hasta ahora no sabemos de algún jefe policial o ministro que haya renunciado por este motivo.

Las autoridades celebraron dos cumbres sobre seguridad ciudadana, una en Santa Cruz y otra en Tarija, pero todo indica que esas políticas o discursos no han salido de los hoteles de cinco estrellas donde se diseñaron, pues las calles siguen desguarnecidas.

Tampoco parece ser una solución a este drama el reciente anuncio del presidente Morales de construir un nuevo comando policial con cinco millones de dólares, cuando lo que se quiere es más cuarteles policiales y patrulleros en El Alto y otras ciudades violentas haciendo turnos de 24 horas del día.

La muerte de dos periodistas, cuya investigación dirá si fue un caso de inseguridad ciudadana u otro tipo de delito, ha provocado indignación entre la población, los medios de comunicación y las autoridades.

A manera de justificativo, un jefe policial de El Alto atinó a responder que "es difícil investigar porque los cogoteros no dejan evidencias"; como si no bastara la evidencia de decenas de cadáveres desperdigados por las calles alteñas.

Mientras la gente pide pena de muerte y las autoridades repiten sus promesas de profundas investigaciones, los ciudadanos, como Zenobia Ramos siguen saliendo de su casa con el miedo de no poder regresar.

"Ya no hay caso caminar en El Alto, así no mas cogotean, a todos, hasta en La Ceja", dice Zenobia mientras espera al morguero para preguntarle por su hija adolescente.

Fuente: http://www.oxigenobolivia.com/o2/opinion/1f539cde12842611cb87