Con la reciente ola de crímenes que parece afectar a El Alto y a otras ciudades bolivianas ha aparecido otro fenómeno, el de los linchamientos y saqueos de las casas de los presuntos delincuentes. La población, al estar hastiada de la inseguridad, toma la justicia en mano propia; en un momento de ceguera colectiva, la muchedumbre asume decisiones como jamás lo haría en circunstancias normales. Al respecto, una mujer alteña dijo a los medios de comunicación: "La inseguridad incluso nos vuelve asesinos contra nuestra voluntad".

    Los linchamientos son crímenes horrendos que deben ser investigados. Si no se lo hace, éstos continuarán.

    Y ante el descontrol de la delincuencia, el Gobierno ha ideado un plan de varios puntos, de los que resaltan dos: que los vecinos se involucren en los patrullajes de las zonas más peligrosas y que las FFAA se sumen a las tareas de la Policía. Esta última es más comprensible y tolerable. El plan señala que sólo sargentos y oficiales portarán armas de fuego para evitar el uso indiscriminado de la fuerza. Además, los militares sólo podrán detener a los acusados brevemente, antes de entregarlos a la Policía. Pero no es la mejor imagen ver a militares patrullando las calles y deteniendo a civiles. La escena tiene una similitud desagradable con épocas dictatoriales. Diríamos que, hoy por hoy, es un mal menor respecto de la cada vez más artera acción de los delincuentes.

    El otro aspecto es todavía más polémico. Que sean los vecinos los que deban detectar "sospechosos" es algo extraordinariamente riesgoso. ¿Quién es un "sospechoso"? ¿Alguien diferente? ¿Algún desconocido? ¿Una persona vestida con ropa distinta a la usual? Justo en el momento en que la gente, sobre todo en El Alto, demuestra toda su ira linchando (es decir asesinando) a personas, algunas de ellas inocentes, el plan de que sea ella misma la encargada de combatir la delincuencia no es lo mejor que se puede hacer. Las autoridades deberían suspender esta parte del plan de inmediato. Seguir con ella lo único que traerá será más dolor y más muerte.

    Se dice que en otros países la idea funcionó y en Bolivia un plan así podría haber sido útil en circunstancias normales. Pero hoy por hoy, no.La lucha contra el crimen, lo hemos dicho en estas páginas, tiene muchos aspectos a ser atendidos, desde mejorar la calidad humana y material de la Policía, hasta acelerar la justicia y reducir la corrupción judicial, pasando por mejorar los barrios, aumentar la iluminación pública y tener políticas de capacitación y empleo para los jóvenes. La sola represión no servirá de nada. El remedio podría ser peor que la enfermedad.