Un alteño convierte viejas licuadoras en obras de arte .


    Este fue el primer diseño que hizo a sus ocho años.


      TALENTO A sus 19 años, José Alanoca tiene 65 diseños propios de juguetes y personajes mitológicos. Los construye con placas metálicas de motores de licuadoras.


      Tatiana Sanabria / El Alto - 30/07/2012


    José Alanoca jamás pensó que las dificultades que pasó en la niñez iban a tener un desenlace positivo. 

    Debido a las limitaciones económicas de su familia tuvo que empezar a construir sus juguetes cuando tenía ocho años; así, poco a poco, descubrió un innato talento artesanal. Ahora, a sus 19 años, domina la técnica de trabajar el metal y fabrica diferentes juguetes a partir de piezas recicladas.

    José es el último de ocho hermanos. Tiene la tez morena y una larga y lacia cabellera que le cubre los ojos. Es introvertido, de pocas palabras, pero se expresa a cabalidad mediante sus obras pues, como él afirma, "llevo el arte en las venas".

    Más allá de su carácter reservado, este artesano confiesa que prefiere la soledad y la calma para poder trabajar mejor. Su taller, ubicado en la zona de Río Seco de El Alto, es también su dormitorio y escritorio. En este espacio oscuro, de tres metros cuadrados, permanece por largas horas, encerrado y concentrado en su labor.

    Para sus creaciones utiliza únicamente placas de motores de licuadoras en desuso, un material ideal debido a que su flexibilidad permite darle diversos usos y formas.

    Cuando tiene todos los elementos necesarios, José simplemente da rienda suelta a su ingenio para crear dragones, robots, escorpiones, arañas, dinosaurios y varias figuras mitológicas que cobran vida en sus manos.

    Pero antes debe conseguir la materia prima, lo que es "una cuestión de suerte", según afirma. En sus largas caminatas por la feria 16 de Julio busca con cuidado desechos de electrodomésticos a la venta; cuando ve una licuadora, le brillan los ojos. 

    "Los motores de radios y batidoras -explica José- son más difíciles de encontrar, por lo general y sin razón aparente son más caros".

    El escultor paceño Gonzalo Condarco, creador del monumento al escritor Antonio Paredes Candia, considera que "el juego es la principal herramienta de los artistas y no hay que repeler lo lúdico en la recreación de obras de arte". Y es por eso que ve en José Alanoca "un valioso talento escondido".

    Mientras que el escultor León Saavedra considera que José "tiene una habilidad impresionante que debe explotar". "Ya tiene una gran técnica, ahora debe buscar nuevos planteamientos en sus diseños, hasta encontrar su expresión personal", dice.

    Según Condarco, la escultura en metal "tiene ciertas dificultades que uno, en el trajín de la creación, va descubriendo, al igual que los secretos para resolverlas".

    Pero más allá de la utilidad artística, la especialidad de Alanoca tiene otros beneficios. El ingeniero ambiental Álvaro Morón afirma que al reciclar metal se reduce la contaminación de agua y aire, y se ahorra energía eléctrica. "Los objetos de metal, dependiendo de su tamaño, pueden degradarse en 30 años; a diferencia del papel que se descompone en un año", agrega el especialista y destaca que es mejor que los desechos metálicos tengan otros usos en vez de ser tirados.

    Hace ya bastantes años que, aún sin darse cuenta de sus potencialidades artísticas y su aporte al medio ambiente, José persevera en su iniciativa y ya perfeccionó 65 diseños propios.

    Las piezas

    Sólo con la ayuda de dos alicates y un cuchillo de cocina, este joven artesano da formas increíbles a las placas de metal; es un trabajo largo y moroso, pero le sobran paciencia, delicadeza y precisión. 

    Para hacer un robot de 30 centímetros de altura, por ejemplo, necesita los motores de tres licuadoras, equivalente a 120 placas de metal que tienen un milímetro de grosor. El proceso puede demorar entre cinco horas y una semana, según el modelo.

    Una vez lista, acomoda su creación en una caja y, como buen vendedor ambulante, la ofrece los domingos en la feria 16 de Julio. 

    "A veces encuentro señores a los que les gusta el arte y ellos me compran a 40 ó 100 bolivianos, dependiendo el tamaño de la obra", dice José e inmediatamente se acuerda de su intento fallido de repetir esta hazaña en la feria dominical de La Paz, de donde fue expulsado "por no tener autorización para vender".

    Y aunque su talento todavía está en proceso de maduración para salir a la luz y del anonimato, José no desfallece en su labor, seguro de que esto es lo que más le apasiona.


Fuente: Pagina Siete.
Previous
Next Post »