15 ancianos son rescatados de una casa hogar de El Alto .

El centro Yepeto fue cerrado temporalmente ayer


SITUACIÓN Los adultos mayores dormían sobre colchones de paja en el piso. El albergue fue denunciado por malos tratos y las autoridades realizaron ayer una inspección.

Verónica Zapana / La Paz - 11/07/2012

Fotos Fredd Ramos / Página Siete

    Fotos Fredd Ramos / Página Siete
    Fotos Fredd Ramos / Página Siete
    Dos de las adultas mayores internas en Yepeto son socorridas ayer por las autoridades.
    El olor fuerte a orina sale de una de las habitaciones de la casa hogar de ancianos Yepeto, de Villa Cooperativa de El Alto. Dentro del cuarto, ocupado por tres adultos mayores, hay pañales usados botados en el piso, bacines y al lado de éstos, tazas con restos de té.

    En otros ambientes de este centro, que ayer fue intervenido por las autoridades, la situación es similar. Por esto es que 15 de los 18 ancianos que vivían en el lugar fueron rescatados y transferidos a los hogares Quevedo, Rosaura Campos y San Martín. Los demás se quedaron para ser recogidos por sus parientes.

El operativo sorpresa fue realizado en la mañana por los servicios de Salud y Gestión Social, el Defensor del Pueblo y la Alcaldía de El Alto.

Luego de constatar la mala situación de los adultos mayores se determinó cerrar temporalmente el centro donde por cada adulto mayor se pagaba entre 800 y 1.300 bolivianos al mes.

La inspección se asumió luego de una serie de denuncias. Desde 2011, la Defensoría del Pueblo ha recibido seis sindicaciones en contra de este sitio por maltrato a los adultos mayores.

"Mi hijo me ha dejado, por eso estoy aquí", comentó Hilaria, de 90 años, una de las ancianas que pedía que se la llevaran. "Me pegan porque me hago pis. No quiero estar aquí", denunció.

"Este centro no reúne las condiciones mínimas para su apertura: sólo tiene a tres personas para cuidar a los 18 ancianitos, no tiene un médico y tampoco una nutricionista para dar una alimentación adecuada", dijo la directora del Servicio de Gestión Social, Cristina Rojas.

Sin camas

Además de la suciedad y el mal olor, dentro de algunas habitaciones no se ven camas, pero sí colchones de paja en el suelo. No hay almohadas ni sábanas, aunque cada adulto mayor tiene dos frazadas para protegerse del frío, que en esta temporada llegó hasta los 13 grados bajo cero inclusive.

"Es que como son del campo ellos no están acostumbrados a dormir en otros colchones", argumentó la dueña y directora del centro, Jeanette Guerra.

Las palabras de la representante molestaron a los inspectores. "No porque sean del campo los van a tratar mal", enfatizó el representante de la Defensoría del Pueblo, José Luis Hidalgo.

La directora pidió tolerancia para mejorar las instalaciones, pero se le recordó que hace un año ella se había comprometido a esto y, por lo visto ayer, no cumplió.

"Hemos mejorado en el piso, ahora estamos pintando las paredes. Y como dicen que necesito un médico contrataré a uno", dijo Guerra. Sin embargo, para las autoridades esos cambios no fueron suficientes.

Hay nueva norma para apertura
La Gobernación, junto con los servicios de Salud y de Gestión Social, emitió la Resolución Administrativa 16012, el 21 de junio, en la que define competencias para ambas instituciones en lo que concierne a la apertura y funcionamiento de centros para adultos mayores.

La norma sanciona el maltrato contra las personas que requieren los servicios de estos establecimientos, pero para los de reciente creación.

De acuerdo con esa resolución, para la apertura de un geriátrico (atención de ancianos enfermos) y un asilo (casa de acogida), los propietarios deben certificar que cuentan con especialistas en la atención de adultos mayores y precisar qué servicios ofertarán.


Testimonios
Germán Apaza 95 años Estoy hace dos años aquí. En un principio me trataban bien, pero después nadie me cuida. Ahora yo siento dolores en el pie, me cuesta caminar y por eso trato de no salir de mi habitación. Además, ya estoy cansado de comer ají de fideo y de trigo, porque sólo son esos dos platos que nos dan casi todos los días. Sólo en días especiales nos dan un plato con carne.

Cuando viene mi hijo a visitarme, las señoritas que nos cuidan se portan bien atentas conmigo y están escuchando lo que hablamos. Si me quejo, me castigan.


MARCELINA fABIÁN 92 añosA mí me trajo una de mis nietas, yo no quería venir, pero me trajo con engaños. Ahora yo estoy feliz al saber que voy a salir de aquí, porque otra de mis nietas me llevará para cuidarme. En este hogar no nos tratan bien, sólo nos dan un plato de comida y el desayuno es té o sultana. Cuando nuestros familiares vienen a visitarnos y nos traen fruta debemos de ocultar bien y comer de ocultas, porque si nos ven comiendo los otros nos quitan. Por eso hasta me han golpeado con sus bastones. Prefiero estar con mi familia.


Ignacio Ramos80 añosCon un abrazo de su esposa y con la alegría de haberse encontrado con su familia, Ignacio Ramos, de 80 años, uno de los ancianos del centro Yepeto, vivió ayer de forma especial la inspección de las autoridades. "Tanto te hemos buscado, ¿qué has hecho?    ¿dónde te has metido?", le reprochó su esposa. Sucedió que Ramos, un día, mientras caminaba, se desubicó y fue auxiliado por funcionarios de la Alcaldía que decidieron enviarlo al hogar, donde se trasladaba a las personas extraviadas. Su hijo, Raúl Ramos, agradeció el hospedaje y pagó 80 bolivianos por la estadía del anciano.

http://www.paginasiete.bo/2012-07-12/Sociedad/NoticiaPrincipal/32Soc00212.aspx
Previous
Next Post »