Las 'casitas' están en el Distrito Municipal 5 y los vecinos no saben quién ideó su construcción.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Rivas El Alto

01:59 / 06 de enero de 2014

La urbanización Villa Esperanza del Distrito Municipal 5 de El Alto tiene ocho edificaciones, en la misma cantidad de callejones, que son una innovación en la arquitectura local y poseen parecido con las pagodas asiáticas, y que son utilizadas para protegerse de la lluvia o del sol.

Son construcciones similares a las pagodas, "edificios de herrero" comunes en China, Vietnam, Japón, Tailandia y Corea, que se hicieron con fines religiosos y que se fueron adaptando como viviendas. En el centro del techo, estos templos tienen una estructura que funciona como pararrayos, llamada "finial" y que suele representar al maní o quinto elemento y, a veces, es decorado con diseños de flor de loto.

Este tipo de estructura fue levantado en la zona alteña ubicada detrás del complejo deportivo cercano a la Universidad Pública de El Alto (UPEA). Lo curioso es que ninguno de los vecinos entrevistados sabe de quién surgió la idea: algunos la atribuyen a una iniciativa propia de la Subalcaldía, otros dicen que se trata de la sugerencia de un vecino que estuvo por Asia.

Javier Poma, exsubalcalde de este distrito, afirmó que no sabe de esta obra que, de acuerdo con propietarios de viviendas del barrio donde se edificaron, data de hace cuatro o seis años. "Voy a revisar, la verdad es que no estoy muy informado".

El arquitecto Daniel Centellas indicó que la inclusión de estos modelos asiáticos solo responde a la intención de crear algo nuevo y sobresaliente. "La arquitectura es colectiva, por su naturaleza, como una creación inseparable de la vida civil y la sociedad. Pero se debe responder interrogantes de los motivos esenciales por los que se propuso este modelo".

Ante el misterio de las construcciones, el vecino Abel Chura planteó que, tal vez, una de las razones por las que se pensó en edificar este tipo de estructuras es porque en los países orientales la pagodas son muy resistentes. "La verdad no sabemos quiénes las propusieron o por qué las hicieron así".

Estructura. Estas edificaciones se encuentran en diez de los ocho callejones del plan vivienda Villa Esperanza. Tienen casas que las rodean, las cuales forman un cuadrado que deja un espacio similar a una plaza.

La superficie de esta especie de quioscos es de aproximadamente seis por tres metros, llevan una altura de seis metros hasta el inicio del techo y de ocho metros hasta la punta de la "finial". Los vecinos que desconocen el origen de estas estructuras las llaman "casitas" y las utilizan para protegerse de las lluvias o del sol.

Cuatro pilares de concreto sostienen sus techos de tejas y madera. A los costados llevan dos jardineras acordonadas con rejas metálicas de color verde y de un metro de altura.

Para ingresar a estas "pagodas", se debe subir una grada, la que las deja a una altura de 50 centímetros; junto a las jardineras se encuentran dos tablas que hacen de bancas sostenidas por los extremos en los pilares y en el medio, por un bloque de ladrillos. La base de estas estructuras está revestida con piedra laja en los laterales y ladrillo gambote en el piso.

En tres visitas realizadas por La Razón se pudo evidenciar que no hay personas que utilicen estos espacios para el descanso. "Es por la lluvia, los niños son los que mejor aprovechan estos espacios", comentó María Tole.

No todas estas construcciones tienen árboles que las rodeen; esto se debe a que algunos vecinos los destruyeron. "Hace falta un poco de conciencia para cuidar las obras que se ejecutan en nuestros barrios, la gente no lo hace porque cree que no le costó nada", denunció Tole.

Los pilares de estas edificaciones tienen rajaduras, la pintura que los cubre de colores amarillo y blanco se encuentra desgastada. Incluso en algunos de estos "templos" existen inscripciones de nombres y corazones de parejas de enamorados que dejaron su huella.

Los residentes de Villa Esperanza incorporaron a las "pagodas" en su vida diaria y las utilizan de diferente manera. Por ejemplo, en el callejón 2 los vecinos colocaron maderas, ladrillos, electrodomésticos en desuso y arena, cerrando así una de las calles que rodea a la infraestructura.

En el callejón 4, uno de los vecinos amarró una soga a uno de los pilares y la unió a su puerta de su garaje para extender la ropa recién lavada. En tanto que en el callejón 6, las jardineras no tienen las rejas ni los ladrillos que rodeaban los bordes.

Ninguna de las "pagodas" cuenta con algún tipo de luminarias. En algunas se encuentran perros atados para atemorizar a los extraños.

Organización de calles es para evitar delincuencia

Miguel Rivas

La distribución de las viviendas en la urbanización Villa Esperanza forma callejones sin salida y, según vecinos, sirve para evitar cualquier acto delictivo y permite la protección entre residentes.Samuel Tancara, vecino de uno de estos callejones, dijo que la estructura en la que fueron diseñadas las calles les ha brindado mayor seguridad.

"Cuando aparece una persona extraña, sobre todo al caer la noche, nos ponemos alerta y nos es más fácil comunicarnos porque estamos casi encerrados, como una vecindad".

Quienes viven en estos pasadizos no se ponen de acuerdo sobre el creador de la repartición de las viviendas. "Fue el Gobierno, con un plan de ayuda hace más de ocho años", alegó Tancara.

Los callejones por donde se ingresa al barrio tienen dos carriles, el ancho de vía se aproxima a los seis metros, hay dos veredas y al fondo del callejón se construyeron quioscos tipo plaza con características similares a las pagodas.

Vecinos afirmaron que los callejones les brindan mayor seguridad e inclusive más privacidad. "Nos conocemos todos, somos como una familia dividida en más familias, no son calles de paso, ingresan los que deben ingresar, cualquier otro es considerado sospechoso", remarcó Tancara.

Arquitectura condice con la variedad migratoria

Miguel Rivas

La arquitectura de El Alto es tan variada como el flujo inmigratorio, según el arquitecto Daniel Centellas, ya que en esta ciudad se puede ver todo tipo de infraestructuras, aunque prevalecen algunas hechas según las características climatológicas y el movimiento económico y social de la urbe.

"A esta ciudad llega gente de diversos puntos del país, incluso del extranjero, por lo que no es extraño, desde el análisis, ver esa variedad de infraestructuras en casas, plazas, calles y edificios, sea en las fachadas o los interiores".

Centellas explicó que se puede ver una mezcla en los edificios con estructuras que se asemejan a las casas tradicionales, con espacios minimalistas o techos con tejas, calaminas, rectas o en declive. "Las puertas, las ventanas o los pasillos varían, inclusive hay terrazas y patios con jardines o sin ellos", sostuvo el profesional.

Sin embargo, actualmente prevalece el diseño de edificios cúbicos, tipo cajones en los primeros pisos y en el último resaltan los denominados chalets. "Estas nuevas expresiones no son más que la muestra de que los alteños poco a poco se dan a conocer y son más extrovertidos, son temas socioculturales reflejados en la arquitectura, en el comercio y en la vida diaria", acotó Centellas.

Fuente: La Razón